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Este Blog se crea, como respuesta a la necesidad de espacios de reflexión e introspección de temas urbanos, más allá de simples referencias a lo que pasa actualmente se busca ofrecer al lector una perspectiva diferente, fresca y oportuna sobre los diferentes factores que componen el hábitat de más del 50% de la población mundial.

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viernes, 20 de diciembre de 2013





El desarrollo más allá del postconflicto, escenarios municipales complejos y multidimensionales

Juan Sebastián Amaya
Profesional en Gestión y Desarrollo Urbanos
www.fcmpaz.org

El conflicto armado en Colombia esta cerca de terminar, finalmente se asoma la luz al final de un túnel que ensombreció la vida nacional durante cerca de 60 años con sangre, pobreza e idealismos; sin embargo, el fin de la violencia política es solo el primer peldaño de una gran escalera por recorrer, lo que despierta una pregunta fundamental antes de iniciar esta nueva etapa: ¿cuál es el final de la escalera, la meta a perseguir?.
Si la respuesta es el desarrollo, habrá entonces que preguntarnos ¿qué tipo de desarrollo deseamos alcanzar como Nación?. Ya que en el mundo contemporáneo muchos son los discursos y aún más las fórmulas, mientras que hasta ahora pocos son los resultados. Algunos pretenderán seguir algún modelo del norte -ya sea el Europeo o Estadounidense-, manteniendo esa larga tradición de que las huellas de otros son el único camino hacia delante. Sin embargo esta tendencia no hace justicia con el potencial naciente de Colombia, ni con la situación global que refleja visos constantes de crisis.
Es necesario entonces, antes de buscar cómo atender los acuerdos de la Habana y correr tras la promesa de un mejor país, saber cuál es la situación en la que nos encontramos en la actualidad y cuál es el escenario que nos espera, identificando los retos y las ventajas de esa tan añorada escalera, ya no desde las alturas de lo internacional, sino mirando hacia nosotros mismos, hacia nuestros territorios y nuestra gente, es decir nuestras realidades locales y su entidad territorial por excelencia: los municipios.
 A continuación se recogen varios puntos a ser tenidos en cuenta por nuestros mandatarios locales, para ampliar su panorama y su criterio frente al posible escenario de posconflicto que se avecina, dejando sobre el papel varios elementos relevantes, más allá del conflicto y la guerra.


La población colombiana y sus dinámicas

Tras un periodo de 40 años (1950-1990) de un acelerado crecimiento demográfico y un proceso migratorio del campo a la ciudad, que literalmente invirtió la proporción de la población urbana y rural, América Latina ha llegado a convertirse en la región más urbanizada del mundo con cerca del 80% de su población viviendo en ciudades,  acompañado de un fuerte aumento poblacional, pasando de 65 millones a cerca de 588, es decir, un aumento en ocho veces su tamaño en un período de 60 años (1950-2010), fenómeno tan acelerado que incluso llegó a denominarse como una explosión urbana (ONU HABITAT, 2012).

                                

En el caso concreto de Colombia, esta relación se invirtió de forma dramática,  tal y como lo expresa los datos del DANE en sus censos nacionales, pasando de un 61,3% en 1951 a un 26,5% en 2000 en la población rural; y de un 38,7% a un 73,4% en lo urbano para este mismo periodo. Por otra parte en los últimos 20 años, el 63% de los municipios del país han tenido tasas de crecimiento negativas o muy bajas, consecuencia de la migración poblacional a las principales ciudades, siendo los municipios de menos de 50.000 habitantes los que perdieron la mayor población (PNUD, 2011).
Esta variación dramática, debe tener en cuenta además como la población ha desacelerado su tasa de natalidad y poco a poco ha ido siguiendo una tendencia hacia la inversión de su pirámide poblacional, lo que significa una creciente pobreza en seguridad alimentaria acompañada de una población cada vez más longeva y con menores personas en edad laboral para sostener la economía. Estos dos datos revelan una tendencia alarmante en el mediano plazo, que no debe de pasarse por alto en las realidades locales.
El desarrollo urbano y el modelo de ocupación territorial


Fuente: Ciudad y Territorio. El proceso de poblamiento en Colombia. Pp 21.
Paralelamente, el ordenamiento general de la población Colombiana sobre el territorio se dividió inicialmente en una región poblacionalmente “llena” y otra “vacía”, marcadas principalmente por la cordillera Oriental; cada una subdividida así mismo en dos unidades socio-culturales; Andina y Caribe en el este, Amazónica y Orinoquía al oeste. En lo relativo a los procesos de migración se identifican dos zonas opuestas; una zona tradicionalmente de tránsito y de expulsión demográfica, con un poblamiento inocuo y problemas de circulación en la región Momposina y otra en el macizo andino que concentra los centros económicos y de poder, generando procesos de atracción poblacional.
En cuanto al tercer esquema, se expresa la fuerte influencia que generan las cordilleras y especialmente el valle del río Magdalena en el desarrollo del país y de sus principales ciudades, configurando a raíz de estos hitos geográficos el llamado “triángulo de oro” compuesto por Bogotá, Cali y Medellín junto con sus regiones de influencia. Debido al macro-ordenamiento del país, marcadamente concentrado y sin regulación alguna, se generaron áreas centrífugas de control Estatal, y, ya que carecía de capacidad para controlar de forma efectiva la totalidad del territorio nacional, se generaron además hacia la periferia otras zonas sin presencia estatal, que concibieron procesos paraestatales y germinaron en la violencia que hoy se busca terminar, motorizada fundamentalmente por el narcotráfico y la lucha armada por el control territorial.

Fuente: Ciudad y Territorio. El proceso de poblamiento en Colombia. Pp 21.
 “Estamos frente a una red urbana relativamente equilibrada. sin desconocer que existe una tendencia a la "macrocefalia urbana" que canaliza en beneficio de una metrópoli nacional y tres regionales la producción nacional, y redistribuye solo una mínima parte de lo que recibe.” (Zambrano y Bernard, 1993, pp 70)
El mejoramiento constante de las vías nacionales ha venido generando una ampliación de la zona metropolitana de las principales ciudades[1], lo que impulsará el desarrollo económico y turístico en las zonas cercanas a estas gran vías, junto con la concentración de la riqueza en estas áreas metropolitanas, perpetuando el modelo actual. Entre otras “La troncal de la paz” que une a Bogotá con Santamarta por Barancabermeja, o la vía Bogotá-Villavicencio-Arauca-San Cristóbal, le dan mayores salidas e influencia a la capital, sobre las regiones consideradas “vacías”.
De vuelta a lo rural.
Estas zonas sin mayor presencia Estatal además consideradas “vacías”, cuentan con el 94,4% del territorio nacional y abarcan el 75,5% de los municipios del país, convirtiendo al sector rural en un elemento que no puede ser dejado de lado en el escenario futuro del país, más aún cuando es allí donde se concentran todas las problemáticas causantes y consecuencias de la violencia. Esto se evidencia al analizar el ranking del  Índice de  Desarrollo Humano  (IDH) nacional, el cual varía negativamente cinco posiciones en el ranking internacional si se le agrega el índice de ruralidad. (Informe Nacional de Desarrollo Humano del PNUD, 2011)
Esta elevada variación en el ranking, se debe en primer lugar a la concentración de la tierra en este sector, que en 2011, presentaba al 15,36% de los municipios del país con un Gini[2] de concentración de propietarios de la tierra superior al 0,84. (PNUD, 2010, pp 15) . además un segundo factor se relaciona con el modelo histórico de desarrollo Estatal[3], que desde los sesentas, amplió las brechas entre lo urbano y lo rural, debido a que centró sus esfuerzos en el desarrollo de las ciudades. El modelo de desarrollo rural resultante, se caracterizó por ser altamente inequitativo y excluyente, dado que no tiene en cuenta las diferencias entre los actores involucrados; afectando principalmente a las poblaciones con mayor vulnerabilidad (campesinado, poblaciones afro descendientes e indígenas) y conduciendo al aprovechamiento inadecuado y sin regulaciones de los recursos naturales (Jaramillo, 2002). Es así como la tercera parte de las personas que habitan en el campo colombiano viven en condiciones de pobreza extrema (PNUD, 2011, pp 57-63).
Absalón Machado sustenta que esta situación se consolidó debido a la inexistencia de regulación Estatal en el ordenamiento del territorio, que sumada a su escasa oferta de programas de desarrollo rural, a la lógica de supervivencia de la población campesina, al narcotráfico y al conflicto armado interno; ha resultado en un aprovechamiento sin control alguno por parte del Estado, incluso más allá de la frontera agropecuaria (2011) .
Campesinos, indígenas, afrocolombianos y mujeres son los perdedores cuando de resultados de bienestar se trata, y las grandes víctimas de la violencia que se ha ensañado con el campo. El modelo ofrece pocas opciones productivas y alternativas económicas para los habitantes del campo, con lo cual crea las condiciones que facilitan su ingreso a actividades ilícitas y los expulsa hacia los bordes de la frontera agrícola, generando nuevos frentes de colonización. Sometida a las prácticas de despojo de tierras, abandono de sus bienes, desplazamiento forzado y violación de derechos, la población rural no desarrolla plenamente sus capacidades y su gran potencial, lo que aumenta su vulnerabilidad y le impide avanzar por la senda del desarrollo humano (PNUD, 2011, pp 34).
También la baja oferta de bienes públicos como la educación, salud y saneamiento básico; la concentración de la oferta pública de crédito y financiamiento, la asistencia técnica y subsidios hacia los grandes productores; y la liquidación de instituciones propias del sector rural como el DRI (Instituto Nacional de Desarrollo Rural Integrado), el INPA (Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura), el IDEMA (Instituto de Mercadeo Agropecuario), el INAT (Instituto Nacional de Adecuación de Tierras) y el INCORA (Instituto Colombiano de la Reforma Agraria), se suman a los factores que afectan la calidad de vida en las zonas rurales del país. (PNUD, 2011).

La estructura productiva Nacional
Por su parte, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) caracterizó la estructura productiva nacional, concluyendo para el 2009, que se podía identificar una dinámica consolidada de subutilización de la tierra apta para la agricultura, ya que de las 21,5 millones de hectáreas (Has) que cuentan con esta aptitud, solo 4,9 millones (22,7%) tienen este uso, mientras que el sector ganadero dedica 39,2 millones de Has de las 21,1 millones aptas para esta actividad (53,8% de lo que realmente es utilizado), exponiendo el predominio de la ganadería extensiva y el declive de la agricultura en el país, generando ineficiencia económica y social en la utilización de la tierra (PNUD, 2011).

De los terrenos que la ganadería utiliza para pastizales que no tienen esta aptitud, gran parte es tomado de bosques nativos, a un ritmo cercano a las 300.000 Has anuales (con una compensación total de 350.000 Has de coníferas, teca, eucaliptos y algunos bosques nativos con nogal cafetero, ceibas y guayacanes) frente a gran parte de las 20 millones de Has convertidas en pastizales; diezmando el aprovechamiento forestal, que abarca 7,4 millones de Has de un potencial estimado entre 16 y 25 millones de Has. Finalmente, Entre 2000 y 2010 el Ministerio de Minas tramitó 17.479 solicitudes y otorgó 7.264 títulos mineros a nivel Nacional; además de contratar más de 5,8 millones de hectáreas, superficie superior a la dedicada a la agricultura en el país. Es de resaltar, que la producción bruta por Hectárea es mucho mayor para los productos agrícolas, que para la ganadería, además de generar más empleo y fortalecer la seguridad alimentaria nacional (PNUD, 2011).
El fenómeno de la ganadería extensiva es tan evidente y preocupante para el desarrollo del sector que el mismo gremio ganadero agrupado en Fedegán ha planteado recientemente la necesidad de liberar tierras de esa ganadería extensiva para la producción agrícola (Lafaurie, 2010) (…) en los departamentos tradicionalmente agropecuarios aumentó la tierra en pastos en 8,9 millones de hectáreas, mientras en agricultura disminuyó en 862.000 hectáreas, y en bosques en 1.437.265 hectáreas. La expansión del uso de la tierra se debió casi toda a la ganadería, y parte a los cultivos de uso ilícito (PNUD, 2011, pp 91-92).
Tal como se expuso anteriormente, se puede denotar la situación del sector rural es de total vulnerabilidad; dada la baja oferta de servicios y bienes públicos, en zonas donde cada vez es menor la población, mientras crece la presencia de terratenientes que, frente a la inexistencia estatal, concentran la tierra para el aprovechamiento de recursos naturales sin control efectivo, especialmente en actividades mineras y de ganadería extensiva, reduciendo la agricultura y por tanto, los modos de subsistencia del campesino, amenazados además por los cambios en el clima mundial.
El cambio climático
El cambio climático se suma al contexto de una población rural ya altamente vulnerada por otros factores como modificaciones de los ecosistemas y una estructura agraria bastante inflexible y altamente concentrada. El Ideam (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales) prevé que dentro de los próximos años y hasta 2050 el territorio colombiano puede llegar a experimentar un incremento de la temperatura promedio de entre 1° y 2° Celsius; con ello ocurrirían cambios en las precipitaciones, las cuales oscilarían entre más y menos 15% de las actuales (PNUD, 2011, pp 104).
Así mismo disminuirían las lluvias en las regiones Andina y Caribe entre el 10 y el 30%, junto con aumentos de la temperatura promedio en los valles del medio y alto Magdalena; sumado al aumento de la temperatura que elevaría el área de influencia de vectores como por ejemplo el mosquito portador del Plasmodium, causante del paludismo. Particularmente, se tiene previsto que cerca de la mitad de las zonas de economía campesina podrían verse seriamente afectadas por las reducciones en períodos de lluvia entre el 2011 y el 2040, especialmente en los Departamentos de Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cundinamarca, Nariño y Santander. Estas advertencias no deben pasarse por alto, tal como lo muestra el antecedente de la tragedia invernal de Mayo de 2011, que llegó, según estimaciones del DNP (Departamento Nacional de Planeación) y del DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), a causar 2,2 millones de víctimas (605.000 hogares), con una afectación en 1.025 de los 1.101 municipios del país. Además, la atención de la emergencia, la reconstrucción y rehabilitación sobrepasan los 28 billones de pesos según el DNP (PNUD, 2011).
Tal como lo muestran los diferentes elementos observados –entre otros muchos factores-, este análisis no puede seguirse realizando desde una perspectiva centralista, dado que no logra tener en cuenta la complejidad de cada uno de estos elementos en el territorio, ni sus diferentes elementos constitutivos. Por tanto se hace urgente que los Alcaldes asuman un rol de liderazgo, se informen sobre estos escenarios y junto con sus comunidades, apoyados entre sí con los departamentos y la nación, analicen detalladamente con qué recursos (naturales, paisajísticos, turísticos, humanos, económicos y materiales) y con qué capacidades disponen.
Esta es una demanda que debe ser especialmente tenida en cuenta por los municipios del área “vacía” del país, en especial donde el conflicto armado ha tenido clara influencia, dado que, es en estos espacios donde la nueva ola de producción económica llegará y dependiendo de cómo estén preparados para recibirla, podrán generar o no desarrollo y calidad de vida para su población.
Complementariamente, estos gobiernos locales deben establecer junto a su población y con los conocimientos técnicos sobre su territorio, una visión conjunta de lo que desean, ya no limitándose a un ordenamiento territorial, sino además contemplando desde un enfoque diferencial y territorial, su proyección sobre todos los elementos que componen un asentamiento humano, el cual, se define como:
“la expresión física de las interacciones sociales, económicas y políticas de las personas que viven en comunidades, tanto si son urbanas o rurales; su desarrollo supone una transformación del entorno natural y su conversión en un entorno construido por el hombre” (Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos- Hábitat, 1995).
Este concepto encierra varias recomendaciones sobre este proceso de planificación; en un primer lugar se refiere a la infraestructura, los equipamientos (salud, educación, culto, etc.), los usos del suelo, los espacios públicos, las redes de movilidad, la logística y el transporte, las cadenas productivas, los centros comunitarios y demás sistemas estructurantes de todo municipio; ya no desde una perspectiva vertical y rígida, sino como consecuencias físicas de las dinámicas de las comunidades, es decir, como respuesta a las diferentes necesidades de la población y no como imposición mecanicista. Por tanto desde esta misma reflexión se deriva la necesidad urgente de planificar enfocados en la población y sus demandas.
 En segundo lugar, esta definición aporta un cambio en la forma en la que se aborda el municipio, puesto que elimina la dicotomía urbano-rural y deja expuesta la necesidad de planificar el territorio como una misma unidad, identificando la complementariedad y sinergia que debe generarse entre los espacios y actividades con diferente grado de intervención humana. Es decir que ya sean ecosistemas sin ninguna intervención humana aparente, o las zonas céntricas de cada municipio, estas diferentes áreas son escenarios de actividades y proveedores de recursos igualmente necesarios para mejorar la calidad de vida de las personas, tengan estos un carácter meramente productivo, de tránsito o incluso contemplativo.
¿O qué es acaso una cadena productiva? allí es igualmente necesaria la tienda que acerca el producto al consumidor, la industria que transforma el producto y le da valor agregado, y el territorio agrícola del que se extraen y/o generan las materias primas; se localicen estos en una zona urbana o rural, hacen parte de un mismo sistema, que si fuese propiciado por los gobiernos locales teniendo en cuenta la realidad de cada territorio, no solo mejoraría la economía, sino que apoyaría al campesino, el desarrollo industrial e incluso la seguridad alimentaria del país.
En estos momentos un acuerdo de paz significaría la liberación del círculo vicioso conformado por la falta de capacidades para el desarrollo, la violencia y la laxitud Estatal en gran parte del territorio nacional, abriendo la oportunidad para un nuevo modelo de ocupación del país que llevaría nuevos sectores económicos y población a zonas que se consideraban abandonadas y/o conflictivas, la pregunta entonces sería, ¿estos territorios están listos para esto? ¿saben realmente hacia donde apuntará su escalera?.

Bibliografía
Jaramillo, Carlos Felipe. 2002. Crisis y transformación de la agricultura colombiana. Bogotá: Banco de la República, Fondo de Cultura Económica.
Jaramillo, S. 1979 “Macrocefalia Urbana en América Latina”, Desarrollo y Sociedad No 1 Cede, Bogotá.
Machado, Absalón. “Colombia rural: modernización con orden social injusto y fracaso del modelo de desarrollo”. En Colombia Rural. Razones para la esperanza. Informe nacional de Desarrollo Humano 2011. INDH PNUD. Septiembre de 2011. Bogotá, Colombia.
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo- PNUD. “La verdadera riqueza de las naciones: caminos al desarrollo humano. Informe sobre Desarrollo Humano 2010”. 2010. (Edición del Vigésimo Aniversario). Nueva York: pnud.
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo- PNUD. Colombia Rural. Razones para la esperanza. Informe nacional de Desarrollo Humano 2011. INDH PNUD. Septiembre de 2011. Bogotá, Colombia
ONU HABITAT (2012). Estado de las Ciudades de América Latina y el Caribe 2012, Rumbo a una nueva transición urbana. ISBN Volumen 978-92-1-132469-3. Brasil.
Zambrano, Fabio. Bernard, Olivier. (1993) Ciudad y Territorio. El proceso de poblamiento en Colombia. Tercer mundo Editores. Colombia.
Zambrano, Fabio. (2013) Desarrollo Urbano en Colombia: Una perspectiva histórica. Seminario política e instituciones para el desarrollo urbano futuro. Ministerio de Desarrollo Económico. DNP. Programa de Gestión Urbana de las Naciones Unidas: Bogotá d.c.



[1] Macrocefalia urbana se define como “uno de los rasgos característicos de la red urbana en los países latinoamericanos, que consiste en la exagerada concentración productiva y demográfica de un solo centro urbano” (Jaramillo, 1979).
[2] índice de desigualdad entre 0 y 1, en donde 1 significa el máximo posible de desigualdad y cero el mínimo
[3] Debido en gran medida a la fuerte influencia de Lauchlin Currie, quien plasmó la urbanización del país como elemento fundamental en el desarrollo, plasmándolo en obras como “Operación Colombia” en 1959 y finalmente en el plan “Las Cuatro Estrategias” presentado en 1971, además de su influencia constante sobre la academia Nacional en la universidad de los Andes y en la Universidad Nacional, de la que fue Decano. http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/biografias/currlauc.htm